2017-11-08

199.- ¿Dónde estará Dios, ahora que tanto lo necesitamos?


Autor: Riskov

Pues… ¡vamos a buscarlo…!

Como no han tenido éxito las vías de búsqueda exógenas, probaremos con vías endógenas: el cerebro humano, el cual parece ser el medio por el que Dios se comunica, según sus defensores.

Hemos oído decir a los creyentes: tenemos sensación de Dios y nos comunicamos con Él.

¿Qué podemos analizar sobre esto?

Estudios científicos han referido que:

a) Un sentido intenso de intimidad con Dios está relacionado con un incremento del volumen cortical del gyrus temporal medio derecho, que se sabe juega un papel clave en el mantenimiento de las relaciones íntimas.

b) Un sujeto que afirme estar sintiendo una conexión con Dios presentará niveles más altos de actividad dentro de una región cerebral denominada gyrus frontal medio derecho. Sobre esta área ya se sabía que está relacionada con las emociones positivas.

- ¿Qué características presentan las situaciones donde se siente que nos comunicamos con Dios?

La baja actividad del área prefrontal dorsolateral en el estado de dormir profundo, en el que el registro electroencefalográfico (EEG) dominante de ondas delta de baja frecuencia se asocia a una disminución global del flujo sanguíneo en el cerebro, y especialmente en la corteza prefrontal, provoca una distorsión profunda del sentido del "yo". En esta situación la dualidad básica entre sujeto y objeto puede llegar a anularse.

En el estado de meditación profunda se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de la propia identidad, lo que permite que el sujeto pierda durante su práctica el sentido del propio yo individual, que establece la frontera entre él mismo y todo lo demás, y se sienta así integrado en una totalidad única transcendente.

Se sabe que el área izquierda de orientación genera la sensación de un cuerpo físicamente delimitado, en tanto que la derecha crea la representación del espacio externo a dicho cuerpo. La actividad del área de orientación requiere el ingreso de datos sensoriales. Si (como ocurre en la meditación profunda) no se da la entrada de tales datos al área izquierda, se limita la capacidad del cerebro para establecer la distinción entre el cuerpo y el espacio exterior. En el caso del área derecha, la ausencia de datos sensoriales provoca una sensación de espacio "oceánico" infinito.

- ¿Cómo sabemos lo que Dios manda?

Se ha observado que, cuando un creyente piensa en algo que le gustaría a Dios, activa las mismas zonas cerebrales que cuando piensa en algo que le gustaría a sí mismo. La labor de imaginación que proyecta sobre Dios es inindistinguible de la de sí mismo.

- ¿Hay que temer a Dios?

Se ha encontrado una pronunciada relación entre el volumen cortical del precúneo izquierdo (área relacionada con la empatía, las respuestas emocionales y también con la regulación de las jerarquías sociales) y el miedo a la ira de Dios (cuanto más pequeño era el volumen del precúneo izquierdo, más miedo tenían los individuos a Dios).

- ¿Se trata de comunicación con Dios o de imaginación personal?

La suma de todos los resultados obtenidos sugiere que las creencias religiosas surgirían como una extensión natural de avances evolutivos desarrollados en la cognición social y el comportamiento.

Así, con el paso del tiempo, los mismos cambios en el volumen del cerebro que permitieron al ser humano demostrar empatía hacia otros individuos podrían haber posibilitado también la aparición del sentimiento de relación íntima con entidades sobrenaturales, y la emergencia de las religiones.

Nuestro cerebro genera experiencias espirituales, religiosas, numinosas, divinas o de trascendencia, como lo han demostrado diversos estudios sobre la epilepsia del lóbulo temporal, las experiencias cercanas a la muerte o sobre la posibilidad de provocar artificialmente este tipo de experiencias. Aunque este hecho ya era antes conocido por los efectos que tiene la llamada epilepsia del lóbulo temporal, hoy se ha confirmado que las estructuras límbicas, cuando se activan, sea por estimulación eléctrica o por estimulación magnética transcraneal, son capaces de producir estas experiencias espirituales.

Las estructuras límbicas responsables de las experiencias espirituales son estructuras arcaicas, desde el punto de vista de la evolución.

Para unos, la existencia de una configuración cerebral específica asociada a la espiritualidad y al sentimiento religioso constituye un argumento a favor de la existencia de Dios; como si Dios perfilase en el cerebro la huella de su presencia para favorecer en el ser humano su conocimiento y el impulso de llegar hasta Él.

Para otros, dicha configuración confirma que la experiencia mística, reveladora de la existencia de Dios, es sólo un producto más de la actividad cerebral, un patrón neurológico carente de correlato real más allá de esa actividad. Tales creencias habrían sido previstas por la evolución para ayudar a los seres humanos a superar las dificultades de la vida y contribuir así a la supervivencia de la especie.

En este último caso, la espiritualidad resultaría ser una facultad mental como cualquier otra que se ha desarrollado en respuesta a una determinada presión medioambiental que sirvió para aumentar las probabilidades de supervivencia del organismo, ya que la naturaleza suele eliminar lo menos adaptado.

- ¿Son las anteriores las únicas formas de comunicarse con Dios?

A lo largo de la historia de la humanidad, chamanes, místicos, monjes, profetas, poetas y literatos fueron exploradores de la espiritualidad, adentrándose por diversos medios en lo que algunos han llamado consciencia límbica o segunda realidad.

La ingesta de plantas, hongos, lianas y flores con sustancias enteógenas es más antigua que la especie humana, entrando en "una segunda realidad", descrita innumerables veces por los místicos de todas las religiones. Se trata de una realidad producida por el cerebro, como la inmensa mayoría de lo que llamamos realidad exterior; hoy sabemos que los colores, los olores, los gustos y los tactos son atribuciones del cerebro a la información que llega de los órganos de los sentidos, pero que no existen en la naturaleza.

En este sentido, las llamadas experiencias espirituales habría que nombrarlas de otra manera, como por ejemplo "experiencias supralímbicas", habida cuenta que pueden ser inducidas por estimulación del sistema límbico o cerebro emocional.

- Por lo tanto, ¿dónde está Dios?

Dios está en el cerebro de cada creyente.

Fuentes:

- http://www.tendencias21.net/

- Francisco J. Rubia